20 jul. 2008

CARTA DE LAS FARC. 17 de julio de 2008

CARTA A NUESTROS HERMANOS DE LUCHA
FARC-EP, 17 JULIO de 2008.
Escrito por Rodrigo Granda y Jesús Santrich.
"Dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto."
Simón Bolívar.
Estimados compañeros, militantes y simpatizantes de nuestra causa revolucionaria por la Nueva Colombia, el Socialismo y la Patria Grande. Con un saludo fariano, marulandista y bolivariano reciban nuestro optimismo en el presente de lucha y algunas consideraciones que en principio estaban destinadas a ser compartidas con los camaradas de nuestro firme Partido Comunista Clandestino y especialmente con nuestros prisioneros de guerra que se encuentran en las cárceles de Colombia y en el exterior, pero que con certeza tendrán mejor destino si también llegan a las conciencias y los corazones de esa extensa comunidad de copartidarios, colaboradores, aliados y simpatizantes bolivarianos que sostienen la esperanza en un pronto futuro mejor para los pobres de la tierra.
Apreciados Quijotes de la comunera parcela de José Antonio Galán; perseverantes de la Colombeia de Miranda; queridos compatriotas también de la América Nuestra. En medio de muchas circunstancias favorables y adversas, vicisitudes luctuosas algunas…, y en todo caso en la estrada del combate por el poder para los oprimidos, por el que hemos jurado vencer, con la certeza de que venceremos, hemos recibido con satisfacción las voces de respaldo y de fe absoluta que ustedes han ratificado, sin dilaciones, por las FARC-EP y por el proyecto que juntos llevamos adelante, sobre todo la reafirmación en los principios como en los propósitos, en las vías y en las formas de alcanzarlos en esta hora en que muchos desearían vernos en la ruta de la claudicación.
Queríamos expresar sobre los documentos que por diversas rutas nos han hecho llegar para el estudio, que la mayoría son críticos, y al mismo tiempo solidarios, sin adulaciones pero con apropiado reconocimiento, sobre todo los de compañeros dignos y respetables como lo son James Petras, Domingo Alberto Rangel, Vladimir Acosta, Narciso Isa Conde, Dax Toscano, Douglas Bravo…, Heinz Dieterich, entre muchos y muchos otros consecuentes revolucionarios y pensadores honorables, lo mismo que organizaciones sociales y políticas, que han expresado sus condolencias y opiniones alrededor de la muerte del Comandante en Jefe Manuel Marulanda Vélez y sobre las circunstancias que rodean la lucha de resistencia de las FARC-EP. Creemos que todos ustedes en la ciudad y nosotros en la montaña, estamos llenos de gratitud, por la manera como han bien ponderado nuestra lucha como factor necesario y expresión del decoro de los pueblos que, como el colombiano, combaten contra un régimen pérfido y criminal.
Hay que reconocer que se requiere independencia intelectual, criterio propio, entereza moral y valentía además, para adoptar juicios rectos y categóricos como los de estos compañeros, en momentos en los que es lo más cómodo, de ventaja, conveniencia y muy común, la hipocresía, la ponderación falsaria…, y todos esos retruécanos con los que se suele manosear la realidad sin asco de arrastrar los principios para mostrarse revolucionario mientras se es oportunista, sobre todo cuando se aprovechan sinceras pero equívocas posiciones de buena fe que han venido de probados buenos hombre y mujeres, gobernantes o no, que claman por el desarme de las insurgencias anti-oligárquicas y antiimperialistas, creyendo que ese es el camino para encontrar la anhelada paz para los oprimidos.
No vamos a retomar ahora los argumentos de los mencionados porque creemos que además de que han sido bastante difundidos y de manera magistral expresados, como suelen hacerlo con esa buena escritura que tienen por espada, ustedes ya los habrán debatido suficientemente. Sólo queremos decir que, como revolucionarios, los guerrilleros de las FARC tratamos de aplicar el principio de la crítica y la autocrítica con ecuanimidad, de manera constructiva y nos complace escuchar con atención a quienes nos enaltecen señalándonos los errores o lo que ellos creen que es desacierto o inconveniencia. Detestamos sí la adulación tanto como el oportunismo y como el poeta Juvenal Herrera pensamos también en que es el silencio la cobardía de los intelectuales; por ello valoramos mucho más las palabras que con valentía salen a combatir en el terreno de la lucha ideológica, sobre todo cuando la asquerosa unipolaridad que pretenden los fundamentalistas del gran capital, impone por la fuerza y con el engaño mediático el unanimismo pernicioso que conviene a los déspotas, en el que individuo y sociedad son un todo, pero sumiso a los dictámenes de las trasnacionales.
Queremos dejar bien en claro la posición determinante que seguramente quienes siempre han confiando en nosotros la conocen, y es que empeñaremos nuestras vidas, como en efecto lo estamos haciendo, en no defraudar a quienes creen en las luchas de los pueblos, a quienes como ustedes respaldan la necesidad de la lucha armada en las circunstancias que rodean a los pobres de Colombia y de otros pueblos pisoteados por la bota militarista y usurera de los yanquis y de sus émulos, acólitos y cómplices en la desbocada rapiña neo-colonial.
No seremos inferiores al mayor compromiso que nos inspira la fe de aquellos que sin temer a las estigmatizaciones de la infame guerra antiterrorista, han levantado su voz contra los verdaderos terroristas del planeta y en especial contra aquellos que desde la Casa Blanca tienen ya en vilo la existencia de la humanidad, porque efectivamente somos lo que con sangre y vidas hemos jurado ser: soldados de Bolívar, indios bravos como Lautaro, Tupac Amaru, La Gaitana…, Calarcá; ¡guerrilleros de Manuel hasta la victoria o hasta la muerte! Somos luchadores con principios, comunistas convencidos, que asumimos con orgullo y persuasión absoluta el combate por la liberación y la justicia social. No deshonraremos el altar sagrado de nuestros muertos, no seremos indignos de su sangre que se derramó para que se mantenga la esperanza, no rebajaremos el sacrificio de Bolívar ni el de Martí, como el de ninguno de nuestros próceres de la independencia y la libertad, porque preferimos un San Pedro de Abanto a una paz de Zanjón; un Manifiesto de Montecristi, un Grito de Yare o un Grito de Baire, un 19 de mayo en Boca de Dos Ríos…, un octubre en la Higuera, un septiembre en La Moneda abrazando ametralladora y convicciones antes que rendición; un sablazo en Ayacucho, la suerte del Negro Primero en Carabobo, el destino de Caamaño en San José de Ocoa, el camino de Abelito Santa María, evocar a Maringuela, la senda de Carlos Fonseca Amador y Farabundo Martí, las cananas de Zapata y de Sandino, la suerte de Atanasio Girardot, de Raúl Reyes e Iván Ríos, la persistencia de Jacobo Arenas, partir en átomos al lado de Ricaurte en San Mateo…, al Charlemagne Peralte que iza la dignidad Haitiana, el ejemplo del imbatible Manuel Marulanda Vélez… en fin, partir entre humo y metralla, una muerte en combate, que una claudicación del pensamiento, porque también nosotros creemos en que la ley primera debe ser "el culto a la dignidad plena del hombre" y actuamos con la máxima de que "Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad", según lo expresara el Apóstol de las Antillas, pues a nosotros también se nos ha enseñado lo que pensaba el Titán de Bronce en cuanto a que "la libertad no se mendiga sino que se conquista con el filo del machete…" o aquello que decía el Che en cuanto a que "en una revolución se triunfa o se muere, si esta es verdadera".
En nombre del fusil de Fabricio Ojeda, en nombre de Albizu Campos y los macheteros de Filiberto Ojeda, en nombre de Camilo Torres, cura y guerrillero; en nombre de los héroes del Moncada y de Alegría de Pío, en nombre de los sufrientes del Cuartel San Carlos, en nombre de los mártires de la embajada japonesa en el Perú, en nombre del comandante Cerpa Cartolini y de cada guerrillero y revolucionario que ha entregado su vida por el sueño de la emancipación…, en nombre de los sueños y de cada gota de sangre de los combatientes caídos en Nuestra América por evitar el yugo de los opresores es que juramos que no seremos nosotros quienes arriemos sus espadas, sus lanzas, sus machetes, sus fusiles y sus banderas. No seremos nosotros, NO y mil veces no, quienes bajemos las armas de Marulanda, las armas del pueblo, que se han levantado por la emancipación.
Hay ciertas concesiones inadmisibles entre revolucionarios, pues definidos estamos no sólo como marxistas-leninistas sino como bolivarianos, y en tal compromiso no estamos dispuestos sólo a lograr lo que se nos manifieste asequible sino lo que nos imponga la conciencia por deber. Como en la gesta del Libertador, "es imperturbable nuestra determinación de independencia o nada" y así, en el mejor sentido bolivariano reiteraremos como constante que, cuando la opresión no deja más alternativa, la insurrección, la guerra de liberación, constituye el legítimo recurso de los pueblos para lograr la libertad.
Estamos en una confrontación que no ha de cesar mientras no se acabe con las profundas causas sociales que la engendraron o se instaure un nuevo poder que establezca la justicia social. Entretanto se nos presentarán éxitos que no nos deben envanecer y reveses que son propios de este tipo de lucha que hemos emprendido obligados por la perfidia de este régimen del terror…, pero en nada nos deberán perturbar las adversidades; de ellas sólo debemos sacar las experiencias que también nos aporten para desbrozar el camino de la victoria, pues como expresaba el Libertador: "El hombre de bien y de valor debe ser indiferente a los choques de la mala suerte".
Somos marulandistas; es para nosotros un orgullo haber sido y seguir siendo guerrilleros de Manuel, perseverantes, optimistas, íntegros, sencillos y desinteresados, como él. Y para quienes nos reprochan por nuestra condición insobornable en el desenvolvimiento de la táctica de la combinación de las formas de lucha, creyendo que es posible lograr una transformación pacífica de su entorno social a favor de los desposeídos, no podemos menos que expresarles nuestros mejores deseos en su loable causa; pero al mismo tiempo reiteramos ante la faz del mundo que no somos nosotros quienes hemos empujado a Colombia a la guerra sino aquellos que no permiten que el pueblo tome la senda de la democracia y de la paz en la definición de su destino.
Por nuestras convicciones sólo nos es dable estar por la Colombia Nueva más que por nuestras propias vidas, de tal suerte que si alguien ve improbable vencer que sepa que nadie nos podrá negar el derecho de morir por un mundo mejor en nombre de todos quienes lidian por su emancipación en medio de la guerra sucia y el terrorismo de Estado imperial y criollo.
Nunca faltan los Judas, que se dejan sobornar por unas cuantas monedas de oro o por dádivas y promesas de cualquier tipo. Pero lo fundamental es que la codicia siempre será tenida como un asco entre los verdaderos revolucionarios.
Es preferible sin duda mantenerse en una guerra de resistencia por la dignidad, la justicia y la libertad que mantenerse sumiso a la tiranía que como bien lo expresó Bolívar es el compendio de todas las guerras.
Había escrito Lenin alguna vez, refiriéndose a quienes sostenían la posición política del desarme aduciendo que tal reivindicación era la expresión más franca, decidida y consecuente de la lucha contra todo militarismo y contra toda guerra, que "precisamente en este argumento fundamental reside la equivocación fundamental de los partidarios del desarme.
Los socialistas -decía Lenin-, si no dejan de serlo, no pueden estar contra toda guerra.
En primer lugar, los socialistas nunca han sido ni podrán ser enemigos de las guerras revolucionarias. La burguesía de las "grandes" potencias imperialistas es hoy reaccionaria de pies a cabeza, y nosotros reconocemos que la guerra que ahora hace esa burguesía es una guerra reaccionaria, esclavista y criminal. Pero, ¿qué podría decirse de una guerra contra esa burguesía, de una guerra, por ejemplo, de los pueblos que esa burguesía oprime y que de ella dependen, o de los pueblos coloniales, por su liberación?" (…)
¿Desde aquellos tiempos de la valerosa resistencia bolchevique habrá cambiado, compañeros, la esencia criminal, "reaccionaria de pies a cabeza", de esas burguesías imperialistas?
¿Cómo se han conquistado los cambios favorables para los oprimidos, incluso en procesos cuyos conductores, en varios casos, dan votos por el desarme?
Falta mucho trecho de lucha aún por los desposeídos en el mundo; son más los escenarios del orbe donde se mantiene y crece la explotación con más saña y avaricia que nunca, que aquellos donde se profundiza la emancipación; de tal manera que no hay más que decir con Lenin que "Sólo cuando hayamos derribado, cuando hayamos vencido y expropiado definitivamente a la burguesía en todo el mundo, y no sólo en un país, serán imposibles las guerras. Y desde un punto de vista científico sería completamente erróneo y antirrevolucionario pasar por alto o disimular lo que tiene precisamente más importancia: el aplastamiento de la resistencia de la burguesía, que es lo más difícil, lo que más lucha exige durante el paso al socialismo. Los popes "sociales" y los oportunistas están siempre dispuestos a soñar con un futuro socialismo pacífico, pero se distinguen de los socialdemócratas revolucionarios precisamente en que no quieren pensar ni reflexionar en la encarnizada lucha de clases y en las guerras de clases para alcanzar ese bello porvenir"
En el caso de las FARC, que desenvuelven su lucha en medio de las peores atrocidades que contra el pueblo desatan las oligarquías, jamás condenaremos ni desistiremos de la insurrección armada porque es, al menos en nuestras circunstancias terribles de sobrevivencia en Colombia, la manera que nos garantiza poder hacer verdadera resistencia a tan sanguinaria autocracia, a tan vil tiranía y a tan macabro terrorismo de Estado impuesto por las oligarquías que atienden los mandatos de Washington.
Aunque la resistencia popular colombiana que es donde se inscribe cada esfuerzo de las FARC como pueblo en armas, aun con su sacrificado heroísmo, a veces pareciera una lucha en solitario, lo cierto es que por estos días, con tanta expresión de apoyo y solidaridad, lo que tenemos es la constatación de que en ella se congregan los anhelos de millares y millares de compatriotas de la América Nuestra, de millares y millares de sojuzgados que sienten que en nuestras banderas, en nuestros lutos, en nuestros fusiles se expresa su propia lucha y sus propias esperanzas de justicia y Patria Grande.
Entonces, ¿está la lucha de los pobres de Colombia y de las FARC como su legítimo puño armado marchando en solitario contra el mundo entero?
¡No! porque son sin duda también la expresión sentida de aquellos que en cualquier rincón del planeta no tienen la posibilidad del acogimiento mediático ni del lisonjeo capitalista. De todos ellos nuestra lucha de alguna manera es aliciente de su fe en la posibilidad de la resistencia y del triunfo de los desposeídos.
El imperialismo siempre tendrá pretextos para alimentar su avaricia. Cuando no los tiene los inventa. Así que está fuera de lógica responsabilizar de su perfidia, su tiranía y sus agresiones a quienes resisten por su derecho de defender su sobre vivencia y su dignidad. Por lo demás todo aquel que pretenda oponerse a los designios de Washington será tildado de terrorista, de tal suerte que quien persista en la posición serafínica de que es el abandono de los fusiles lo que nos traerá la paz no estará más que actuando como aquellos que buscan la causa de la fiebre en las sábanas y al final podrían terminar convencidos de que con tal de vivir no importa permanecer arrodillado.
Nosotros tenemos frente a estas posiciones el mismo convencimiento del Libertador en cuanto a que no importa perecer con tal que sobreviva un pueblo.
Tenemos certeza de la justeza de nuestra lucha, de la pertinencia de las vías y las formas y de la posibilidad del triunfo; pero ni aun estando en la circunstancia de perderlo todo cejaríamos en nuestro empeño porque nuestro rumbo es el de colmar el cumplimiento del deber a costa de todo.
Sabemos que la victoria solo es posible con la constancia, sobre todo cuando lo que se profesan son sentimientos de profundo amor al pueblo; sabemos que "el gran poder existe en la fuerza irresistible del amor". Combatimos con fe, lo hemos abandonado todo por la causa de los pobres y en ese camino nos preguntamos, ¿desde cuando contra los canallas no se pueden utilizar, sin rebajarnos a la perversidad, las armas que usan ellos mismos; desde cuando esa máxima bolivariana asusta a los bolivarianos?
No es admisible para un verdadero revolucionario existir por existir, es en la lucha donde se debe concebir el modo propicio de la existencia. Y en esa convicción estamos. Ya hemos dicho que "Hoy, como sucede desde medio siglo atrás, los dueños del poder, de las haciendas y del dinero organizan bandas criminales encargadas de agredir al pueblo y sembrar el terror en la población, paralelas y siamesas de las fuerzas policiales y militares oficiales, para eternizarse como gobernantes, nutridos en esta oportunidad con las inagotables finanzas del narcotráfico y conformando así un Estado paramilitar y mafioso de características fascistas", y que es por todo esto que "hoy, al igual que hace medio siglo, la ilegitimidad del Régimen y el terror del Estado dan vigencia al alzamiento popular y convalidan ante el mundo el sagrado derecho del pueblo colombiano a la rebelión"( del Manifiesto de las FARC, enero de 2007).
Nada nos detendrá, ni las calumnias, ni el concejo del apaciguamiento, ni las posturas derrotistas, ni las intrigas, desconsideraciones y felonías de los ingratos, desleales y traidores.
Sabemos que tenemos que batallar contra el imperio pero también deberemos sortear las emboscadas de los perjurios y las defecciones que se suelen dar en el escenario de algunos de nuestros propios aliados de causa, y que es en las adversidades cuando mejor se puede identificar la firmeza de los propios y la verdadera amistad, como también dentro de ellas es cuando más se desbocan los insidiosos, pues bien sabido es que "más hace un intrigante en un día que cien hombres de bien en un mes". De tal forma que no solo tendremos que sobreponernos a traiciones, insolidaridad de muchos y obstrucción de otros sino que deberemos incluso, seguramente, escuchar las ignominias del imperio en boca de no pocos de los que se dicen nuestros amigos.
Este gobierno y muchos enemigos y hasta amigos verdaderos, han confundido nuestra generosidad con debilidad sin percatarse que quien actúa con venganza lo que hace es escalar las calamidades. Nuestra praxis es la sensatez; nosotros sabemos y lo tenemos por conocido de la práctica que "en las revoluciones como en las guerras, hay contratiempos indispensables", y que es fácil mirar desde el puerto la tempestad y parlotear sin considerar las vicisitudes del que navega en alta mar. Dejemos que parloteen y concentrémonos en lo que nos imponen el deber, nuestros principios y certezas sin caer en esas trampas que se urden cuando se enreda en la diplomacia los conceptos morales y políticos colocándolos en contradicción los unos con los otros hasta hacer al fin de la primera el compendio de la hipocresía. Nosotros con nuestros amigos, independientemente de lo que ocurra, siempre deberemos mantener, por sentimiento y convicción, el respeto y la consideración. Y con nuestros enemigos, la altura y la dignidad.
El colombiano, pueblo al que pertenecemos como pueblo en armas, siempre nos ha brindado la luz y la esperanza que alimenta nuestras convicciones, así que, como lo indica el Libertador, a nada hemos de temer si el pueblo nos ama, y como siempre y ahora más que nunca, si en esta hora la América necesita del pueblo en armas para luchar contra el imperio, sin duda estará en los fusiles de las FARC el combate por el continente todo hasta las últimas consecuencias, pues ciertos estamos que nunca se nos arrancará nada por la fuerza o el chantaje y que frente a la perfidia no claudicaremos jamás, independientemente de la magnitud de las dificultades, porque preferiremos siempre la muerte a la existencia deshonrosa, la muerte a la expatriación, la muerte a la sumisión, la muerte a la triste resignación.
¡Por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo, hasta la victoria siempre!
¡Hemos jurado vencer y venceremos!

24 jun. 2008

El kirchnerismo y los círculos del infierno

El viernes 20 de junio el diario Página 12 publicó una nota titulada “Regreso al peor de los infiernos”, referida al recorrido de “cinco sobrevivientes de la dictadura” y el juez federal Daniel Rafecas por el ex centro clandestino de la Policía Federal en el tercer piso de Moreno 1417 de esta ciudad de Buenos Aires.

En el día de hoy, por otra parte, he recibido un envío de Gacetillas Argentinas con la copia de un afiche convocando a un “escrache” a “Coordinación Federal actual Superintendencia del Interior de la Policía Federal” en ese mismo lugar y convocado por un conjunto de organizaciones, varias de las cuales me consta que sostienen el mito de que este es un gobierno respetuoso y aun defensor de los derechos humanos y han callado, cuando no asentido, a la repetida muletilla de altos funcionarios y dirigentes del mismo de que el escrache es un método nazi, fascista, etc.

Asimismo, tanto en la nota como en dicho afiche se aboga por la “expropiación para el pueblo del ex CCDTyE” que me imagino que querrá decir que pase a ser un edificio gestionado por “Organismos de Derechos Humanos” que, como en ejemplos anteriores, dirimirán su tenencia de manera justamente poco edificante.

Por último, he visto que los editores del diario mencionado no han podido disponer del espacio para publicar la carta de lectores que con motivo de dicha nota les enviara, así que voy a hacer pública la misma pidiendo desde ya a quienes la reciban y puedan difundirla que le hagan un lugarcito.

La carta está tal como la escribí y difiere levemente de la enviada al correo de lectores porque este sólo autoriza el envío de textos más cortos, pero en esencia es la misma.

“He leído, en el día de la fecha, la nota firmada por Diego Martínez sobre la inspección ocular que el juez Rafecas y un grupo de sobrevivientes (y el propio periodista, aparentemente) realizaron en la “actual Superintendencia de Interior y Delitos Federales” de la Policía Federal Argentina.

Cualquier lector desprevenido podría tener la impresión de que a esta “repartición pública” dedicada a la noble tarea de prevenir e investigar “Delitos Ambientales” y donde los detectives se documentan sobre Jacques Cousteau y las gaviotas cangrejeras en modernas videotecas, sólo la diferencian de “cualquier oficina pública” las fotos de uniformados bigotudos y el fantasma de un lejano y ominoso pasado.

Sin embargo, en ese mismo edificio (el piso no viene muy a cuenta, pero también en el mismo hasta hace unos años) funcionó y seguramente funciona (aunque el estado prefiere no hacer pública información concreta sobre estas y otras reparticiones de “seguridad”) el llamado Departamento de Seguridad del Estado de la PFA, dependiente de Aníbal Fernández (que va llevando las reparticiones consigo por distintas estructuras gubernamentales). Este nombre vino a sustituir al de Protección del Orden Constitucional de la misma fuerza policial (que ya había alcanzado triste fama y requería, por lo tanto, ser transferido al área de Memoria Histórica del mismo ministerio –área de DDHH–) que a su vez era continuidad (y ruptura dirán los dialécticos de la intelligentzia oficialista) de la Superintendencia de Seguridad Federal, a su vez mutación nomenclatural de Coordinación Federal. Es decir, todas reparticiones dedicadas al espionaje, la persecución y la represión de carácter político.

Este Departamento de Seguridad del Estado es el que, en épocas en que la Presidenta era legisladora del PJ y el Presidente (del PJ) gobernador (también se podría hablar de Kunkel y Viviani para mencionar sólo a los laderos de Kirchner en reciente conferencia de prensa), quiero decir en épocas del “mejor presidente desde Perón” (hasta allí), se dedicaba a espiar, perseguir y encarcelar a luchadores populares que resistían la entrega y la injusticia, entre ellos a varios que habían peleado contra la dictadura que obligó a la pareja presidencial a dedicarse a los negocios financieros. (Tal vez en un tercer período kirchnerista se investigue la muerte del Lobito Rodríguez Saá por la PFA y descubramos que es hora de volver a cambiar el nombre de la oficina pública.)

Como sea, Señor Director: tuve el honor de ser secuestrado por la dictadura militar en 1978 y permanecer en el llamado Vesubio; tuve también el honor de ser preso de Menem; y el presidente Néstor Kirchner y su digno ministro de seguridad (ascendido ahora a titular del ministerio de ¡los Derechos Humanos!) me honraron definitivamente en el 2004 al enviar un grupo de tareas del mencionado Departamento a montar un operativo con personal de civil y varios autos operativos en la puerta de mi domicilio y llevarme detenido a la sede de la calle Moreno 1417 (discúlpeme que no haya reparado en el piso) donde me dieron muestras del minucioso conocimiento que tienen sobre mis actividades políticas y mi círculo familiar amplio para después enviarme (por tercera vez en mi vida) a la cárcel de Devoto. Todo para ser notificado de una anterior causa por corte de ruta.

Para mencionar información más actual debo recordarle que el 17 de abril de 2007 una fuerza de tareas (iba a decir patota pero fue en un gobierno democrático y defensor de los derechos humanos) de esa repartición, molió a palos a la salida de un acto por el día internacional del preso político al militante popular Raúl “Boli” Lescano y se lo llevó con un destino que permaneció desconocido por varias horas y que resultó ser una comisaría lejana al lugar del secuestro (perdón, la detención).

Pero, como bien lo sabe Lescano, lo sé yo y, desde ya, lo sabe ese viejo y aguerrido militante popular que es el presidente del PJ, nada de esto es comparable con la represión, la verdadera, es decir la histórica, la que recuerdan los museos de la memoria o la que nos espera a la vuelta de la esquina si triunfan los golpistas represores. A mí ni siquiera “a upa” me llevaron, doy fe, sólo me cruzaron un auto de civil y unos tipos de civil me esposaron y me llevaron a Coordinación Federal (perdón, a Seguridad del Estado). ¡Gracias, entonces, Señor Presidente (ahora del PJ)! Ahora puedo luchar contra el saqueo y la entrega, contra la injusticia social y la marginación de millones de argentinos, contra la partidocracia y la burocracia sindical corruptas que están dejando sin un futuro digno a nuestros hijos y a nuestra Patria, con la tranquilidad, gracias a su incansable lucha (y la de su señora esposa, nuestra Presidenta), de que si violo alguna de las 200 0 300 leyes que nuestros legisladores votan a libro cerrado el 28 de diciembre a las 4 de la madrugada, no voy a ser secuestrado y llevado a un chupadero. ¡Nunca más el peor de los infiernos! A lo sumo volveré a ese museo permanente a la memoria y los derechos humanos que es la cárcel de Devoto (con la que conviven desde hace años funcionarios de los DDHH de este gobierno sin que se les caiga la cara de vergüenza y ni hablar de renunciar asqueados). A lo sumo me ligaré unos palos o tendré que pelear en las leoneras por mi integridad física y síquica. Pero, repito, usted sabe, yo sé, las Madres, la Abuelas, los Tíos, los Hijos, los Sobrinos, los Nietos y esa claque del PJ tan propensa a la carcajada saben, que eso no es represión.

Y con respecto a las veces que nos atacó la guardia de infantería o la gendarmería, cuando nos molieron a palos o nos gasearon, cuando la federal o la gendarmería hicieron abortar compañeras embarazadas, cuando la federal aplicó el submarino seco; bueno, en primer lugar que quede claro para su conciencia y la de sus “organismos” amigos: algo hicimos, no somos inocentes angelitos; y en segundo lugar, peor era la dictadura, entonces hubo, como está demostrado, un plan; ahora, a lo sumo, hay excesos.

La discusión sobre el sistema socioeconómico al que se ataca o se defiende, como todos sabemos, no es pertinente a esta cuestión.

Quiero terminar con una opinión sobre la idea de convertir ese edificio en “espacio de la memoria”. Con todo respeto, no es un tema que me preocupe demasiado. Funcione donde funcione, el área de represión política de un estado al servicio de la dominación, el saqueo y la perpetuación de eso que ahora se conoce como “la distribución desigual o inequitativa del ingreso” seguirá existiendo; y en todo caso, si queremos hacer memoria vayamos a hacerla frente a un edificio donde alguna vez se realizaron prácticas “dignas de Auschwitz” pero a la vez sepamos que desde allí todavía se vigilan y se persiguen a los enemigos de este estado y estos gobiernos (seguramente también vigilan a sus “adversarios políticos circunstanciales” pero de eso que se preocupen ellos).

Gracias, Señor Director, por su atención y desde ya por la publicación.

15 may. 2008

12 may. 2008

Paraguay: la lucha contra la expansión de la soja y los 6 campesinos presos en Argentina

Para ver subtítulos en castellano: hacer clic en flechita para abajo (Pasa de English-No Subtitles a English-In Progress).
ESTA PROYECCIÓN DE DIAPOSITIVAS FUE TOMADA DE http://www.lasojamata.org
Y traducida y subtitulada por mí (que no sé inglés así que disculpen los errores).

17 abr. 2008

Kirchnerismo: del principio de no injerencia al oportunismo globalizado

La vergüenza de la ocupación de Haití

Hace pocos días me llegó un correo electrónico donde reproducían una nota de Verbitsky en la que alababa a la presidenta por no haber ordenado la represión de los piquetes agrarios. Cinismo monótono el del plumífero, que sabe perfectamente que para esta sociedad no es lo mismo reprimir un piquete de “desheredados de la tierra” que de pequeños, medianos y hasta grandes propietarios de la misma y que, de hecho, excluida esa opción, quien generó tensión, y casi violencia, y quien no pacificó precisamente los ánimos fue el gobierno con sus despropósitos políticos en la implementación de una nueva etapa de retenciones. Pero cinismo o vaya a saber qué es, asimismo, el de tantos que insisten (siguiendo el apotegma de Goebbels) en que este gobierno eligió el camino de la no represión a la protesta social. ¡Y lo repiten kirchneristas y antikirchneristas! Unos para felicitarse y otros para quejarse.
Se me vinieron a la cabeza, al recibir ese correo que pretendía insistir en esa patraña, decenas de ejemplos notorios, públicos y feroces de represión en estos años de kirchnerismo: recuerdo, sin ir más lejos, casos de compañeras manifestantes que perdieron sus embarazos por las palizas de la policía; compañeros que fueron detenidos en represiones callejeras y fueron sometidos a la tortura del submarino seco por la Policía Federal; cientos de apaleados, encarcelados y perseguidos judicialmente; compañeras y compañeros que pasaron meses detenidos por protestas públicas, en causas notoriamente armadas por la misma policía y que terminaron absueltos en juicios orales; encarcelamientos que deberían ser vergonzosos para quienes siempre se llenan la boca por haber sido militantes hace 35 años durante unos meses, y que deberían serlo porque recayeron sobre humildes marginados por este sistema, “peatones” que se sumaron indignados, ante el enésimo atropello al que los poderes económicos o políticos –siempre impunes e impolutos– los sometieron, a alguna pueblada de protesta y pasaron (y pasan, en Las Heras, en Corral de Bustos) meses en las siniestras cárceles de esta democracia superavitaria. (¿Cómo evitar que “La chacarera del expediente” del Cuchi Leguizamón se convierta en la música de fondo de esta vergüenza ajena?)
Pero, la verdad, tal vez por la simultaneidad de los sucesos, lo que más me empezó a alterar el ánimo y a corroerme de odio las tripas fue que este discurso de perdonavidas, que algunos porfían en relacionar con un supuesto amor por los derechos humanos, es simultáneo con la permanencia de tropas de ocupación argentinas en la tierra del, tal vez, más desdichado, más castigado, más pobrecito, de nuestros hermanos pueblos latinoamericanos (o afroamericanos): el pueblo de Haití, el pueblo del libertador negro, Toussaint Louverture quien abriera el camino que luego recorrerían entre otros Bolívar y San Martín.
















Historia continental de la infamia
Como toda historia de desdichas, en la de Haití también es imposible decidir por donde empezar cronológicamente, aunque hablando de América es fácil saber por donde empezar geográficamente: por los Estados Unidos de Norteamérica. O por lo menos era sencillo
justamente hasta ahora, porque las desgracias y las vergüenzas de esta etapa le vienen también desde varias de sus “hermanas” continentales.
Arbitrariamente, vamos a empezar en 1994: EEUU interviene otra vez, ahora para sacar una dictadura militar que, obviamente con su anuencia, había derrocado al primer presidente elegido bajo las formas democráticas, el ex-sacerdote Jean-Bertrand Aristide. Harto del constante flujo de haitianos que huían del terror, Washington se resolvió a intervenir con tropas y a restaurar a Aristide en el poder, pero obligándolo a considerar los años de dictadura como parte de su período presidencial.
Después de un período intermedio, Aristide es nuevamente electo en 2001 y comienza a cumplir un mandato que, casi obviamente, fue sacudido por distintas crisis económicas, sociales y políticas: Los compromisos que se vio obligado a asumir con el Fondo Monetario Internacional debilitaron no sólo la agricultura de subsistencia, sino el único producto alimentario del país, el magnífico arroz de Artibonite.
Más de la mitad de los 8,4 millones de haitianos están desnutridos y el arroz estadounidense reemplazó al propio. La ayuda prometida por Washington llegó primero en cuentagotas y cesó luego paulatinamente, como una soga ajustada al cuello del gobierno, a medida que los reclamos opositores se hacían oír.

El ejército había sido ¡disuelto! por los norteamericanos, pero las mafias de las que estaba compuesto siguieron armadas sin contratiempos, mucho mejor armadas que la policía haitiana.
En un contexto latinoamericano donde la experiencia venezolana pasó a ocupar un lugar central en las preocupaciones de los yanquis y con un Aristide que, más allá de sus terribles defecciones, aún contaba con el apoyo de los sectores más humildes y decididos a un cambio, y que insinuaba la posibilidad de seguir ese rumbo, acosado por bandas que controlaban distintas partes del territorio, EEUU movió sus fichas.
Ante la creciente escalada de violencia y descontrol Aristide y otros gobiernos de la zona pidieron ayuda a la OEA y la ONU ; estos esperaron a que la situación se descontrolara aun más y de pronto todo se precipitó: los yanquis y los monopolios de la información mundial comenzaron a decir que Aristide renunciaba y huía, Aristide clamó que estaba siendo secuestrado por tropas norteamericanas que lo depositaron en África. Después de un par de días de descontrol, un contingente de 2000 soldados norteamericanos, franceses, chilenos y canadienses, con la
ONU como “sponsor” se instaló en Haití para poner orden.
Miles de pobres, al grito de ¡Bush terrorista! salieron a las calles a pedir la vuelta de Aristide y repudiar la ocupación. El gobierno lo asumieron un ministro tránsfuga del gobierno depuesto, un representante de la oposición y ¡el representante de la ONU en el país!
Como EEUU tenía sus manos muy ocupadas en Irak se construyó un enroque en el que entraron países como Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú, Uruguay y Argentina, por hablar sólo de los latinoamericanos, y que hoy mantiene unos 9000 soldados en todo el territorio (la llamada MINUSTHA).

Se hicieron elecciones con Aristide proscrito y la ocupación se desarrolló como todas las ocupaciones de ejércitos extranjeros: avasallamiento de la dignidad de los nativos, control y represión sociales tras la fachada del combate a las bandas mafiosas (que, como reconocen todos, después de 4 años siguen operando y manejando negocios como el de la droga, etc.), prostitución y prostibulización de barriadas pobres para solaz de la soldadesca, acusaciones (“no probadas”) de abusos y corrupción de menores, mercado negro, etc.
Eso es lo que Argentina ha sostenido, para eso ha enviado anualmente contingentes de cientos de integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad. Ante la ya recurrente pero no menos vergonzosa indiferencia del conjunto de nuestra sociedad, para nuestro escarnio.

Valiente muchachada
Cualquiera conoce historias sobre las tropas yanquis en Irak, incluso quizás hasta de las británicas o alguna otra de esas temibles maquinarias de guerra que van y vienen por el mundo. Todos hemos visto películas sobre ellos, hemos leído sobre el recuento de bajas “propias”, hemos visto filmaciones sobre ellos en el cable o de ellos mismos en Internet, nos han informado con lujo de detalles sobre la visita a nuestro país de algún nativo argentino enrolado en las tropas coloniales y que vuelve “sponsoreado” para contarlo, pero ¿por qué nadie habla de nuestros muchachos, de nuestros infantes de marina (nuestros “marines”) que silban un tango o una cumbia en las nocturnas guardias bajos los inhóspitos e incluso hostiles cielos de tierras semisalvajes, rodeados de hordas de “negros del carajo” (¡grande Fontanarrosa!) armadas hasta los dientes seguro que con armas rusas?
Escuchemos (leamos) parte de
su crónica: “El Batallón Conjunto Argentino 6 (BCA 6) se encuentra desplegado en la República de Haití desde el 7 de febrero del corriente año (entiendo que 2006, ahora está desplegado el CCA 8) El 26 de mayo pasado la Policía de Naciones Unidas (UNPOL) solicito el apoyo del BCA 6… El Comandante del Batallón Argentino (ARGBAT) ordenó que una Sección de la Compañía (Cia "F") FOXTROT de la Infantería de Marina…, concurriera a cumplir su misión con cuatro vehículos Panhard y un Hummer… El jefe de UNPOL recibió la orden de trasladar al detenido a la ciudad capital del país, Puerto Príncipe… A las 1520 el BCA 6 desplegó otra patrulla para reconocer la ruta de marcha (se aprovecho la misma para engañar a los posibles manifestantes sobre la verdadera ruta a tomar). De las dos rutas posibles se decidió utilizar la más larga… Cuando el HUMMER sobrepasó la altura del Hotel CHAC HOU, una camioneta color rojo oscuro se cruzó en el camino y cuatro individuos descendieron y empezaron a disparar sobre el HUMMER y el primer PANHARD. Unos metros más adelante se reciben disparos provenientes de las azoteas de ambos lados de la calle. Debido a esto, el personal de ARGBAT que se encontraba en el primer y segundo PANHARD respondió a la agresión realizando disparos al aire para intentar cesar las hostilidades por parte de los atacantes. El convoy aceleró la marcha para salir de la zona de fuego esquivando la camioneta. A unos 150 mts. más adelante 3 individuos dispararon sobre el HUMMER por lo que se trató de persuadir con disparos al aire. El convoy sobrepaso rápidamente este sector y logró arribar a la base de MINUSTAH unos 10 minutos después… Esto demuestra que a pesar de la estabilización que se logró en todo el país no quita que las tropas y personal integrantes de la MINUSTAH sean ajenos a las agresiones de unos pocos que no desean la paz de Haití. El personal del BCA 6 ha cumplido con su misión en forma muy satisfactoria evitando bajas propias y permitiendo que el detenido sea trasladado y juzgado en la capital del país, demostrando con esto que el adiestramiento y la predisposición del personal desplegado ha posibilitado que en una situación de esta envergadura actúen con serenidad y profesionalismo logrando evitar daños colaterales a riesgo de sus propias vidas.
Por el CCIM Claudio Rodolfo Daniel MACHADO (Destacado en Haití)

¡La caída del Halcón Negro! ¿¡Dónde están Palito Ortega y Carlitos Balá para contar esta gesta!?
Me parece realmente un hallazgo lo de engañar a “los posibles ¡¡manifestantes!!”.
Con todo el respeto para quienes, evidentemente, creen en lo que hacen y ponen el cuerpo a las balas de verdad, ¿¡qué carajo estamos haciendo!? ¿Vamos a terminar como los yanquis, esperando el ataúd envuelto en la bandera para pensarlo? ¿Vamos a esperar que algún soldado argentino se mande un moco y cometa un hecho que, por cantidad o por calidad de las víctimas o por puta casualidad o qué se yo, sea inocultable? ¿Realmente somos incapaces de ponernos aunque sea por un instante, un solo y breve segundo, en el lugar de los haitianos e imaginarnos como sería ver pasar las tropas recontra-pertrechadas de un país que ni sabemos dónde está y que a metros de la punta de sus fusiles estén nuestros hijos, nuestras mujeres, nuestros hermanos? ¿Hasta cuando insistiremos en querer ponernos en el lugar de los amos, de los colonos y no en el de los que comparten nuestra condición de dominados, de saqueados? ¿Por qué los soldados argentinos van codo a codo, en “franca camaradería” con los soldados de países europeos que dicen que las “Falkland” son parte de la Comunidad Europea y controlamos, “por su bien”, a gente a la que le han arrancado todo y ahora también le quieren arrancar el gesto de bronca, de desesperación, el último gesto de humanidad?

Gases lacrimógenos

Una espantosa (¿tengo que volver a escribir “vergonzosa”?) nota en el diario “Crítica de la Argentina comenzaba con esta frase: “Cuando se sobrevive con menos de dos dólares diarios, un aumento mínimo en los precios (?) es una revolución”. Lo que también es una estupidez de punta a punta, a poco que se reflexione sobre ello, pero, en fin, lo que ocurrió hace pocos días en Haití fue que un aumento de los precios de productos básicos de la canasta alimenticia, particularmente el arroz, provocó un estallido social, una pueblada que fue valerosamente enfrentada por los “cascos azules” de nuestras prósperas colonias, armados hasta los dientes sobre los vehículos de guerra con que diariamente patrullan las callejuelas del 4º mundo.
Según parece los “daños colaterales” no fueron demasiados: “por lo menos” 5 muertos y unos
200 heridos
, lo que, por supuesto, apenas llegó a los oídos del Consejo de Seguridad de la ONU, que sí se manifestó vigorosamente por la muerte de un “casco azul” nigeriano en los incidentes.

El estallido también tuvo la virtud de contribuir al alerta que distintos organismos internacionales dieron sobre las consecuencias del aumento del precio de los alimentos a nivel mundial y de colorir el discurso presidencial de Cristina de Kirchner ante los empresarios agrícolas. Logros a los cuales cualquier haitiano seguramente renunciaría a cambio de un poquito de justicia y un poco de comida para su familia.
Las consecuencias, sin embargo, parecen ramificarse:
· El primer ministro en funciones tuvo que renunciar y un presidente Preval seria y, casi seguro, decisivamente debilitado trata ahora de encontrarle un sucesor ya que seguramente ha renunciado hace mucho a buscar una solución al drama de su patria.
· Aun una publicación nada extremista y que cree necesaria y positiva la presencia de la MINUSTAH advierte que, sino antes, ahora, esta fuerza, llamada explícitamente por el presidente a poner fin a los actos de vandalismo y a los saqueos que han caracterizado las manifestaciones contra el costo de la vida en estos últimos días,…no opera ya en compañía de la policía nacional. Desde estos últimos acontecimientos, cada uno va por su parte y es el Minustah que tiene en su mano el restablecimiento de la seguridad. Decisión del Estado haitiano o la ONU, no sabemos. Pero decisión que consideramos llena de riesgos…hablamos de jóvenes soldados venidos de países lejanos sin ninguna afinidad cultural con nosotros. Los haitianos son ases en el arte de tirar piedras y estos jóvenes militares extranjeros pueden tener el gatillo sensible cuando se crean en peligro... Un incidente irreparable casi ocurrió el jueves 10…en el campamento de los soldados srilanqueses y faltó poco. Y eso gracias a una patrulla (de la policía nacional) que se interpuso para calmar a los jóvenes haitianos encolerizados…los policías haitianos como nativos pueden diferenciar; no es el caso del casco azul al que se “liberó en la naturaleza” para poner fin a los saqueos y que se corre el riesgo que vea en toda pequeña reunión de haitianos un grupo de ladrones. Ese parece haber sido el caso de estas últimas 48 horas... tanto más cuando el Minustah no tiene el favor en el medio universitario haitiano, tradicionalmente orientado a la izquierda…

¿Es que las leyes haitianas autorizan al Estado haitiano (a menos que sea un Estado dictatorial o un Estado bajo un empleo extranjero) a utilizar una fuerza armada extranjera a tal efecto en el territorio nacional? ¿Es que el capítulo 7 de la legislación de las Naciones Unidas que preside al envío del Minustah autoriza la utilización de ésta como instrumento de simple policía cuándo se había enviado para combatir grupos armados? Decimos a los unos y a los otros: ¡atención!
·
Es a todas luces una voz “moderada”, sobre todo si se tiene en cuenta que una organización llamada HAITIAN PRIORITIES PROJECT (aparentemente ligada al Foro Social Mundial) pide el inmediato retiro de los “cascos azules” nigerianos ya que denuncia (después de recordar el desconocimiento del creole e incluso del francés por parte de las fuerzas ocupantes) que según los comerciantes de alrededor de la catedral del Puerto-Au-Príncipe, las tropas de la O.N.U de Nigeria abrieron el fuego sobre los vendedores callejeros después de la muerte del oficial de policía nigeriano. Condujeron la operación con una gran brutalidad, usando el gas lacrimógeno sin distinción. Prendieron fuego los puestos de los vendedores y amenazaron a transeúntes con quemarlos usando un neumático alrededor de sus cuellos (una práctica conocida en Haití como PèLebrun). HAITIAN PRIORITIES PROJECT denuncia vehemente las acciones de las tropas nigerianas considerando inaceptable que las tropas de la ONU estén dispuestas a abrir fuego sobre la población, a prostituir a nuestros hermanos y hermanas, a matar a nuestros ciudadanos, a amenazar con quemar nuestros negocios y continuar funcionando en Haití con impunidad. Termina recordando que la Constitución haitiana obliga al presidente, además de a proteger el suelo y los habitantes, a dirigir o a nombrar a un haitiano que dirija cualquier tropa asentada en el territorio del país. Y que si esto no ocurriera en el 2008 las tropas de la ONU deberán abandonar Haití y los 600 millones de dólares que requiere su funcionamiento ser destinados a proyectos necesarios para la nación.

· Las agencias internacionales reflejan que muchos de los manifestantes de esos días levantaron la bandera del retorno de Aristide, quien sigue teniendo gran ascendiente sobre los sectores más desposeídos del país, lo cual podría dar una bandera de unificación política a la gran corriente de descontento y aun de desesperación que vendría tomando impulso después de cuatro años más de miseria e injusticia, después de cuatro años de ocupación colonial.

Sueños de justicia poética

Esta historia de los exilios de Aristide, de los pobres para los cuales representa tal vez la única esperanza, me toma, debo decirlo, en un estado de febril nausea ante toda esta gran miserabilidad de nuestro gobierno setentista y de los derechos humanos, que nos arrastra a esta ignominia sicópata de usar el dolor de un pueblo tan terriblemente cerca de los EEUU y tan, tan lejos de Dios, para las politiquerías nacionales e internacionales en las que seguramente cree ser avezado. Tal vez como consecuencia de ese estado alterado del espíritu es que me dio por tener
una especie de sueño de justicia poética en el cual una joven haitiana (que seguramente conoce a un joven haitiano) tal vez idealista, seguramente ambiciosa, espera y trabaja para el regreso del exiliado, sin saber, sin que nadie sepa, que de aquí a 30, 35 años, allá por el 2045, las vueltas de la vida harán que el joven y la joven (ya crecidos, sin sombras del idealismo, con la ambición viva y quemante) tengan que enviar tropas haitianas a poner orden y controlar la vida de los habitantes de una Argentina que, por excesos de traiciones y de inconsecuencias, naufraga en un desierto de subsuelos secos y de tierra agotada y exánime, incapaz de alimentar a sus hijos después de décadas de saqueo.
Ojala que mi pesadilla sea sólo producto del dolor de ver estas imágenes que acompañan estas palabras y que encontremos el camino de grandeza, de deber y de dignidad de
Toussaint Louverture, de Bolívar, de San Martín, de Artigas, de Fidel y el Che y de tantos otros, para apartarnos para siempre de esta avenida de vanidades y de traiciones por donde nos quieren hacer rodar los traidores y los posibilistas.


5 abr. 2008

UN AÑO DE LA MUERTE DEL MILITANTE POPULAR CARLOS FUENTEALBA




Me invitaron compañeros estudiantes del profesorado “Joaquín V. González” a un bello acto de homenaje a Carlos Fuentealba. Debería decir a una serie de actividades de homenaje ya que pasaron videos, se escucharon opiniones y se colocó esa placa cerámica creada por los trabajadores de Zanón que debería estar en todos los establecimientos de enseñanza de la Argentina (públicos y privados, de todos los niveles). Hubo una cantidad realmente importante de presentes y la militancia del centro de estudiantes, más allá de algunos desacuerdos, quedó contenta y satisfecha del deber cumplido.

Me quedaron, sin embargo, a lo largo del día dos cuestiones dando vuelta en la cabeza: voy a referirme en esta entrada a la primera que tuvo que ver con lo que el portal Diario sobre Diarios reflejaba lacónica y contundentemente en la tapa de su relevamiento sobre los principales diarios de la Capital del 4 de abril: “Ninguna portada recuerda el asesinato de Fuentealba” (http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/diarios/hoy/index.asp)

Sería interesante ver el análisis sobre esta omisión que las autoridades de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA van a hacer en el futuro observatorio sobre los medios de comunicación que están tratando de venderle (obviamente que no uso este verbo como metáfora) al gobierno nacional (http://www.medios.gov.ar/content/view/901/1/), después de su sesudo documento que la agencia gubernamental TELAM distribuyera atribuyéndoselo a la UBA (http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&dis=1&sec=1&idPub=99534&id=220040&idnota=220040) –está cortado en las versiones que tuve a la vista– y que reprodujeran parcialmente distintos medios de todo el país. Así, las autoridades de esa Facultad se hicieron acreedoras del privilegio –compartido con Luis Palau o la UIA (todos referentes nacionales y populares)– de acceder a las audiencias presidenciales, a diferencia de tantos sectores y organizaciones representativas de las realidades profundas de nuestra Patria.

Cualquiera puede ver que hoy (5 de abril de 2008) los diarios Página 12, Clarín, Crítica de la Argentina y Perfil tampoco reflejan ninguna de las movilizaciones por Fuentealba en sus tapas y el que sí lo hace es ¡La Nación! Seguramente han de ser varios los columnistas de página 12 que llamarán la atención sobre este hecho y lo rumiaran lo suficiente para que la “progresía” pueda tragárselo. (A qué dedican sus tapas en contraposición al aniversario es de por sí un estudio interesante pero el caso, de lejos, más significativo me parece que es el de la nota central de tapa de Página 12.)

Para desgracia de los que prefieren la síntesis no puedo dejar de mencionar el contraste entre el elogio a la calidad periodística de la cobertura de Página 12 que se hace en ese informe universitario (¿?) y la tapa –reproducida en DsD– “Piquetes Benz”, que desde ya no es objetiva (ni por asomo creo en cosas como la objetividad) pero es obviamente manipuladora y, para peor, lo es en beneficio del poder político. (http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/diarios/hoy/zona_dura.asp)

27 mar. 2008

Dilemas de los administradores coloniales

Flashes:

Es imposible encontrar un hilo de razonamiento sin que algunas imágenes y sonidos de la noche de ayer se superpongan: El ¡viva Perón! de alguno de los que avanzaron por Avenida de Mayo; D’elía hablando con la pintada “Comandanta” detrás o avanzando al grito de “¡piqueteros, carajo!; la multitud de pequeños y medianos funcionarios kichneristas coreando “¡patria sí, colonia no!”. La imposibilidad casi angustiante de evitar el lugar común: los hechos de la historia se producen dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa.

Gorilas:

Viendo el “cacerolazo” de ayer resaltaba su obvia composición social. No eran, por supuesto, “la oligarquía de Recoleta y Barrio Norte” (o, en el peor de los casos, no sólo), sino, notoriamente, distintos sectores de clase media (que no se limitaron a los que salieron a la calle sino que también incluyeron a muchos que hicieron ruido desde sus balcones en distintos barrios de clase media). Notoriamente expresan un sector de la sociedad argentina de cual no sólo se debe resaltar sus históricas inconsecuencias y bandazos, una irresponsabilidad y falta de compromiso también históricos con la construcción de un país con futuro, sino las consecuencias concretas en vidas, en sufrimiento y destrucción de tejidos sociales de todo ello; actitudes de las cuales siempre trató de salir airosa construyendo una persistente, omnímoda, “teoría de los dos demonios” (por cierto, en sentido estricto, una simple aplicación de este principio constitutivo) en la cual se siente cómoda y para la cual permanentemente encuentra amanuenses que se la recreen. La mayor parte del discurso, reaccionario o progre, que hegemoniza los medios (que a su vez la toman como referencia y destinataria de todos los discursos) esta basada en el punto de vista de la víctima (y no es una mera referencia a la versión sobre “los setenta”, que en todo caso es lo que es justamente para reforzarlo). El discurso permanentemente reciclado de la construcción de la víctima, del sujeto social como víctima (y tenemos que ser perfectamente concientes de que es un contrasentido, que cuanto más víctimas nos sentimos menos sujetos de nuestra historia somos, pero que además hay una mentira latente: nunca somos totalmente víctimas, nunca somos meros objetos de las fuerza históricas, ni potencialmente ni de hecho).

No hacen falta una clase de sociología ni tampoco descargar el manual del materialismo histórico para relacionar esta actitud histórica con el particular lugar en la estructura social de estos sectores en términos abstractos y en el análisis de nuestra historia. Pero es necesario recalcarlo, porque al fin y al cabo, el kirchnerismo (y también ese “montonerismo” y cierto “izquierdismo” que se funden en él) no son sino una expresión particular de esos sectores y de sus fantasías, apetencias y fracasos.

Ahora bien, tampoco hace falta el manual del montonerismo para saber que, con todo lo dicho, estos sectores no son el enemigo, que deben ser parte del bloque social indispensable para construir una Argentina libre, justa y soberana. Ni hacen falta los manuales de historia argentina de Puiggrós, Ramos, Rosa, Pigna y Luna para saber que cada vez (la mayoría de las veces, claro) que estos sectores fueron enajenados para proyectos coloniales, el pueblo argentino se alejó más y más de la posibilidad de construir no ya una patria con justicia, etc., sino sencillamente un país con futuro como tal.

Así que sí, es probable que estos sean los gorilas, casi seguramente consintieron o apoyaron la dictadura, el menemismo, la Alianza, (y vamos a suponer, en aras de la generosidad pero más que nada de la retórica, que en “el kirchnerismo” nadie apoyó la dictadura, el menemismo o la Alianza), pero también (estadísticamente es imposible que no sea así) votaron a Perón en el 73, probablemente a Cámpora y en cierta medida a Cristina (a Kirchner, como todos sabemos, no lo votaron ni siquiera todos los kirchneristas, también estadísticamente). Por lo tanto, gritarles ¡viva Perón! en la cara, es simplemente demostrar que en términos de comprensión de la historia y la política argentinas se está exactamente al mismo nivel, en el mismo plano que ellos (de hecho, creo firmemente eso: que son dos caras de la misma moneda). Es más, que les griten eso, los reafirma justamente en sus convicciones y, como lo saben todos los ¿dirigentes? de estos sectores ¡piqueteros! que ayer “recuperaron la Plaza”, tiende a cristalizar la lectura que los enemigos estratégicos de nuestro pueblo van instalando sobre este gobierno.

“La guerra gaucha”:

Está claro que hay sectores oligárquicos, trasnacionalizados, que han obtenido siderales beneficios desde la salida de la convertibilidad hasta aquí y es indiscutible que “el campo” también ha ganado plata como pocas veces y ha mejorado notablemente su posición relativa en la estructura socioeconómica. El problema con muchas de las cosas que Cristina de Kirchner dijo en su discurso no es que sean mentiras sino, justamente, que son verdades. Incluso, es notoriamente falso que “las políticas públicas… no son, ni fueron, una ventaja competitiva…todo lo hizo el alza de los precios de las commodities ”, como sostiene Grobocopatel. Aunque más no sea (y tampoco ocurrió así) por algo que seguramente a él le debe parecer parte del “orden natural de las cosas”: permitir que él (y Cargill, y Monsanto, y Dupont, y algunos pocos más) se quedarán no sólo con la parte más sustanciosa de la torta (más que el Estado, claro) sino con una posición dominante, oligopólica; con una concentración de poder económico que ahora sienten que no se expresa adecuadamente en lo político (y lo político, por ahora, quiere decir la política económica).

¿Por qué lo permitió el kirchnerismo? Justamente, porque su estrategia consiste en eso: en permitir y fomentar el saqueo de los recursos naturales (en este caso el suelo), en administrar el orden de cosas neocolonial de manera tal de, en una nueva versión del viejo cuento de la “teoría del derrame”, acceder a una parte marginal de esas riquezas para, supuestamente, aplicarla a la reconstrucción de “un agente indispensable de la liberación”: la burguesía nacional. Esto se traduce, en buen criollo y bajado a tierra, en la ya conocida fórmula menemista (que los Kirchner usufructuaron) de convertir a un reducido círculo de amigos de negocios en burgueses. (Dados los momentos históricos, la mayor parte de la guita en el menemismo fue a parar al extranjero, incluidos los fondos santacruceños, y ahora se aplica a recomprar determinadas empresas, o parte de empresas, que ya no generan las espectaculares tasas que apenas privatizadas les rindieron a las empresas extranjeras o que están necesitadas de un capital fresco que ya no les interesa colocar en Argentina.)

La necesidad de que exista una burguesía nacional tiene la gran virtud conceptual de no admitir discusión alguna: no es verdad ni mentira. Es imposible.

Que Grobocopatel tenga su base de operaciones en Argentina, que el día de mañana (si es que ya no ocurrió) se lo consulte cuando haya que nombrar “Ministro de Economía de la Nación”, que en su corazoncito (igual que en el mío) siempre esté presente Carlos Casares o que sea hincha de Boca o Argentinos Juniors no lo convierte en un burgués nacional. Es un burgués, claro, no un campesino sin tierra y sin trabajo como le gusta ironizar, pero del único tipo de burgués posible en la Argentina, un burgués trasnacional, un colono (no en el mismo sentido que sus bisabuelos y sus abuelos).

Y hablando de su perfil de burgués: los productores entrevistados en todos los canales insisten en un hecho: “este es un país agrícola, agrícola-ganadero y no puede ser que no se escuche al campo”. Y justamente ahí está el aporte más fuerte del kirchnerismo al realismo político de nuestros días: aceptar como dado irreversiblemente, gestionar y reproducir un modelo económico exportador (en realidad de saqueo de los recursos naturales) y, justamente, no poner ni un solo peso del famoso superávit, ni una sola política activa del estado, ni una sola idea, para aprovechar las condiciones de los mercados internacionales de modo de sentar las bases de un modelo económico productivo que rompa con el cepo histórico de un modelo colonial que, salvando distancias históricas, legítimamente puede ser comparado para su estudio y comprensión con aquel que nos ató al imperio inglés y que aún es públicamente añorado y reivindicado por muchos.

Valga la digresión: una lectura estéril de la realidad y la historia quiere que la elección del camino de la liberación y la soberanía económicas y políticas se justifique en los beneficios económicos que eventualmente reportaría. Esa decisión, está sobradamente demostrado en los hechos, es sólo condición de posibilidad de un proceso de naturaleza diferente y de ninguna manera mecánicamente determinado por ella, que es la asumición por parte de los sectores populares de la condición de sujetos políticos concientes de la historia y no objeto de las fuerzas económicas. “Un resurgir de la conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria”. La única posibilidad, el único camino, para continuar con la tarea histórica inconclusa, y puesta profundamente en cuestión, de constituirnos como nación.

Ahora, yendo a lo táctico y a los conceptos, a la sicología, a la ideología profundamente clasemediera (pequeño-burguesa, por qué no) del kirchnerismo: con todas las herramientas del poder político durante los mejores 5 años de la economía en prácticamente toda la historia argentina (dicho en términos estadísticos y, como mínimo, de cifras de crecimiento), con un superávit al que hasta el día de hoy puede manejar con los superpoderes de una emergencia económica ya se supone que superada, los “cuadros montoneros”, los “reconstructores del movimiento nacional” y aun, como dijimos, de la burguesía nacional, no pudieron evitar que, en el momento de la verdad, cuando los pingos salieron a la cancha, la abrumadora mayoría de los pequeños y medianos productores agrícolas se alinearan tras la conducción de la Sociedad Rural Argentina y los Grobocopatel, los tomen a ellos como los enemigos y, como si a la memoria de tantos caídos no le faltaran tristezas y vergüenzas ajenas, encima lo hagan considerándolos montoneros.

El kirchnerismo es la expresión política, como continuidad del plan maestro comenzado en el duhaldismo (a su vez enraizado, como es obvio, en Martínez de Hoz y Cavallo/Menem), de ese proceso de saqueo y reconversión de la estructura productiva argentina a las nuevas realidades de la dominación imperialista mundial. Este proceso ha generado una nueva configuración del poder real y este poder tiene la decisión de imponer sus reglas en todos los aspectos de la realidad social y política del país y el kirchnerismo tiene que dejarse de joder con intentar decidir con cuantas migajas quiere quedarse y qué hacer con ellas; por fuera de eso y en cuanto pase eso (en breve), todo está bien y puede “dialogarse”. Hasta diciembre de 2007, por ejemplo, Grobocopatel tenía las mejores relaciones con el gobierno (que, también por ejemplo, le abrió las puertas de los petrodólares venezolanos), las cuales rompió unilateralmente, por entender que las retenciones “concentran la riqueza”. La Sociedad Rural Argentina, tan atacada por los voceros kirchneristas, era hasta la implantación de este modelo casi un cadáver político de la Argentina, hoy es uno de los sectores, sino el sector, que acaudilla al “campo”.

Suponiendo, entonces, que los Kirchner quisieran realmente enfrentar esto (ni se me ocurre), ¿desde donde lo van a hacer? ¿Desde una alianza con la UIA, la CGT y el sector petrolero? (acá, sinceramente, pensé en preguntar si lo iba a hacer desde el “movimiento piquetero” de D’elía, Pérsico y Libres del Sur, pero le quitaba toda seriedad a la cuestión), ¿simplemente desde el poder del estado, con “la ley, la constitución y las fuerzas federales” como dicen la presidenta y Aníbal Fernández? ¿Va el kirchnerismo siquiera a amenazar con alterar la estructura económica que le ha permitido a los sectores concentrados agroexportadores controlar las más decisivas claves de la economía argentina?

Patria y colonia:

Entre otras muchas cosas el manual del montonerismo sostenía (y si no, debería haberlo hecho) que el bloque social que posibilitaría la liberación tenía que ser construido alrededor de un proyecto de país sustentado sobre una acumulación de poder que a su vez tenía como uno de sus basamentos el protagonismo de los sectores populares (aglutinados alrededor de la clase trabajadora). Otro de sus basamentos, claro, era la existencia de una expresión política capaz de expresar y retroalimentar ese protagonismo en términos, justamente, de poder y de proyecto.

Por supuesto que a eso se le superpusieron, en la práctica y en la teoría, los intereses y las concepciones de los sectores medios que tendieron tenazmente a ser conducción de esas expresiones políticas.

Por cierto que, en el primer peronismo, el gorilismo irracional (es decir, aun contra sus propios intereses inmediatos e históricos) de determinados sectores medios, su odio y su temor enfermizo hacia los humildes de la Argentina, fue determinante, pero no debe dejarse de ver que, a su vez, el peronismo en gran parte fue copado por otras franjas de esos mismos sectores las que aportaron decisivamente a una espiral suicida de la cual las bases peronistas no supieron escapar y que los (nos) arrastró a todos a la derrota del único intento serio en nuestra historia de construir una patria con justicia social, independencia económica y soberanía política.

En aras de no escribir un libro, dejo para otro momento lo que sucedió a fines de los 60 y principios de los 70. Pero tan interesante como eso es ver lo que sucedió en el 2001 o más precisamente en el 2002.

Hacia el final de la década (peronista) menemista se fueron consolidando infinidad de experiencias de organización popular de ninguna manera espontáneas sino como producto de la asimilación de las nuevas realidades por los sectores populares agredidos, en función de sus experiencias de lucha y con el reciclaje de cientos de luchadores populares (no necesariamente “militantes”, aunque también) a esas nuevas realidades. Con sus limitaciones, algunas organizaciones políticas populares, mayormente de izquierda, se acercaron a esas experiencias o, incluso, las protagonizaron.

Los que creen y hasta el fin de sus días seguirán creyendo que toda la política en Argentina pasa por el peronismo, además de no darle mucha bola a todo eso, sostienen que las organizaciones piqueteras no habrían existido sin la política de los “planes” como uno de los paliativos para enfrentar la crisis.

Por supuesto, que algunos también creen que toda la política de construcción de los movimientos populares circula de arriba hacia abajo (o tal vez no lo creen, pero todo lo que hacen en política se basa en eso, lo que es lo mismo). Por eso, fueron incapaces de ver (paralelamente al formidable ejemplo dado por miles y miles de trabajadores desocupados que, rompiendo los manuales, construyeron organizaciones político-reivindicativas), el movimiento de ruptura con el aparato punteril estatal-pejotista de miles y miles de habitantes de las barriadas más pobres de la Argentina mediante la utilización de las herramientas políticas a su alcance.

La mayor parte del “montonerismo”, por ejemplo, y salvo honrosas excepciones, no sólo se mantuvo aparte de este fenómeno sino que se horrorizó ante las perspectivas y los interrogantes que planteaba a sus presupuestos y prácticas políticas.

Para otros, para la mayor parte de los otros, desgraciadamente, el fenómeno piquetero simplemente fue la oportunidad de acumular ciertas bases sociales para ponerlas sobre la mesa de juego de la política partidocrática tradicional y, eventualmente, comenzar la carrera de tiempo entre la desacumulación social y política que eso provoca y una nueva acumulación de tipo punteril que les permita seguir en el juego. Esto, tanto dentro como fuera del kirchnerismo.

Pero todos fueron funcionales a la estrategia del poder de desarticular el único elemento de la historia reciente sobre el cual pudo haberse planteado la construcción de un nuevo movimiento social y político de liberación. La política siguió siendo entonces una cuestión de las clases medias administrando el poder de los grupos económicos concentrados.

Reconstruir la gobernabilidad del sistema puesta en crisis durante el 2001 y 2002 es una de las bases de este régimen, de este proyecto. La base sobre la que algunos quieren hacernos creer que están construyendo un proyecto nacional.

Tienen, como dije, un “pequeño” problema, y es explicar, entre otras cosas, como lo van a hacer sobre la base de un movimiento obrero reducido al más crudo corporativismo, donde los obreros del petróleo impulsan el saqueo de un recurso estratégico poniendo en cuestión, entre otras cosas, su propio futuro no ya como individuos sino como trabajadores, donde los obreros mineros hacen algo parecido, donde los trabajadores de la carne paran con los patrones para defender los intereses sectoriales, etc… etc… Para no hablar del todavía vigente control de la alguna vez conocida como “burocracia sindical” sobre las luchas de los trabajadores. Y cuando además se enajenan la voluntad política de miles de productores agrarios que además en las nuevas condiciones de la economía son cada vez más vitales.

El problema es el poder. De sus ya antiguas y fugaces experiencias “revolucionarias” los “kirchneristas” han despertado con un bagaje político que no se aparta demasiado de la teoría de “los factores de poder” de aquellas épocas, que básicamente prometen éxito a quien tenga el realismo de reconocerlos y la pericia de usarlos a favor de su estrategia política. Por eso, por que esa es su estrategia, y no la construcción de un movimiento nacional, es que el gobierno durante todos estos años despreció olímpicamente a los pequeños productores y trató con los Grobocopatel y cía. Y por eso es que con ellos, finalmente, va a negociar a expensas de aquellos.

Por si todo esto fuera poco, en las mismas semanas en que Néstor Kirchner se apresta a hacerse cargo del PJ, una buena parte de las formas políticas que toma el conflicto por la renta del saqueo sojero gira alrededor del eje peronismo-antiperonismo, que no hace falta ningún manual para entender que es anacrónico y mal puede servir para entender o expresar la realidad social y política de la Argentina de hoy. Y que es mucho más funcional para el bando “del campo”. ¿Por qué piensan los kirchneristas que plantearle a la sociedad la opción entre peronismo y antiperonismo, entre montonerismo y oligarquía, va funcionar mejor ahora que antes? ¿Por qué cree D’elía que a él le puede ir mejor con Kirchner que a los montoneros con Perón?

La teoría del kirchnerismo como camino siquiera para la reconstrucción de un proyecto y un movimiento nacional no sólo no tiene ninguna base de sustentación, sino que oculta en aras del oportunismo el hecho de que para intentar remachar el ataúd de esos sueños fue entronizado Kirchner.

Para los que sostienen, en ese mismo camino o incluso centrándose en el actual conflicto, que este gobierno estaría estableciendo una supuesta primacía de la política por sobre los poderes económicos, sirva la expresión (especie de acto fallido) de su presidenta en su famoso discurso: “Bueno, uno puede ser peronista, antiperonista, no peronista, comunista, puede ser cualquier cosa, en política se puede ser cualquier cosa, pero en economía hay que tratar de ser lo más sensato y racional posible”. O un capitalismo en serio.

Para los que creen (y dicen) que Aníbal Fernández es “un hombre serio” (no queda claro si porque en los últimos años ha sido el responsable directo de la represión a las luchas populares, con perlas como la militarización de Las Heras o porque a ellos les salvó el culo y les tapó los chanchullos) que le pidan que, como hizo con los dirigentes piqueteros, persiga legalmente y con el Departamento de Seguridad del Estado de la PFA a los directivos de la Sociedad Rural (no sugerimos a los de la Federación Agraria porque a esos seguro que se les anima).

Para terminar, vuelvo a recaer en el más lamentable “setentismo”: cuando Franz Fanon analizaba las prácticas de los colonizados mostraba como, incapaces de enfrentarse al poder del colonizador, las tribus acababan por enfrentarse entre ellas. Los que cantan en la Avenida de Mayo “Patria sí, colonia no” no plantean una consigna anacrónica sino de total vigencia, pero su papel no va en el mejor de los casos más allá de ser comparsas de las luchas inter-tribales del poder colonizador en la Argentina y, en el peor, de ser funcionarios de colonia, administradores de un orden colonial.

Gustavo Franquet